son las que guarecen duendes,
esos que conocen nuestros secretos lavados por el vino.
Cañerías bajo la ciudad llevan más que lagrimas tuyas y mías
encima de ellas, policías y carteles parecen muertos de madrugada.
Veloces pasan los fantasmas llevándome con ellos
empujándome como un globo, dando lugar a mis pensamientos
ideas obscenas de volver a verte.
Vivir de noche y morir de día/ Morir de noche y morir de día
cacheteando la eternidad que pude crear en ese guion que nunca leerás.
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